Hoy es de esas tardes en las que alguna parte de tu inconsciente ha decidido por cuenta propia que hoy ya has trabajado suficiente. Te empeñas en centrarte para dejar trazadas las ideas generales de aquello que sabes que en algún momento debes empezar; en quitarte esa tontuna que te pidió el delegado de turno; o al menos en repasar alguna información que sabes que será útil para tomar algunas decisiones. Pero no, nuestro amigo oculto, desde lo más profundo de la maraña de neuronas conspira contra ti.
Recuerdas aquellas semanas de exámenes de tu época de universitario en las que cualquier acontecimiento por nimio que fuese, se convertía en la cosa más interesante del Universo. Un pájaro pasa volando por delante de tu ventana, oh, sorpresa, ¿a dónde se dirigirá? ¡Ah!, mira, se ha posado en ese poste. Qué poste tan curioso. ¿De dónde vienen los postes de la luz? ¿Son árboles muy rectos o los moldean así? La verdad es que mira que somos arcaicos todavía llevando los cables de esta manera. Estoy seguro que si me pongo podría idear un sistema para.... ¡Coño, estudia! ......... Huy!, qué hambre más extraño me ha entrado de pronto, voy a echar un vistazo en la nevera.
Después de abrir y cerrar 3 veces la puerta de la nevera y corroborar que no hay nada que realmente te apetezca, decides ya que estás abajo darte una vuelta por el comedor, la salita, el aseo, el garaje.... Más tarde que pronto te empiezas a preguntar qué cojones haces dando tumbos por la casa cual vigilante de seguridad con insomnio. ¡A estudiar! ..... El teléfono suena, corres casi desesperado a cogerlo. NADIE puede cogerlo más que tú. Te abalanzas sobre el aparato como si su vida dependiese de ello. No es para ti, increíble, habrías apostado tu brazo derecho a que así era. Sin embargo, nunca te había parecido tan simpática la amiga gorda del trabajo de tu madre. Pasas 10 minutos hablando con ella. ¿Se ha dado cuenta alguna vez la cantidad de postes de luz que se necesitan para iluminar todo un pueblo? Cuando ya no sabes cómo alargar la conversación y la amiga de tu madre se comienza a pensar que sufres una grave falta de afecto, le confiesas que tu madre no está en casa y que debes volver al estudio.
Estudiar.... Un insecto pasa cerca de ti. Lo oyes pero no lo ves. No necesitas saber más. Tu misión es dejarlo fuera de juego. Un coche pasa por la calle, NECESITAS ver cuánto suma la matrícula, tu padre pasa a menos de 15 metros de ti, ¿Quieres algo? Iba al baño, normal, todo el mundo necesita ir al baño. La cadena de pensamientos te lleva a elaborar una intrincada teoría existencialista basada en la regularidad de las inevitables necesidades fisiológicas y cuando recuperas la cordura te das cuenta de que ya es la hora de comer. Buf... estás agotado. Estudiar cansa tanto...
Después te haces mayor y te das cuenta de que eso te ocurre cada vez que esa Conciencia interior con personalidad propia decide que no vas a hacer lo que te has propuesto. Y hoy, mi Conciencia ha hablado. No hay nada que hacer.
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